TIARA

Junio 22, 2009

tiaraElla se confesó a sí misma Santa, santa de los poetas, y mutiló dos de sus dedos de culpa, por si por enterrarlos creciera trigo, mas no hubo trigo, ni espigas, ni cizaña siquiera. Sólo hubo sangre, una negra sangre amarga.

Alejada solo de las luces que opacan la fría tiara que rosa las horas de sudor elegante, pero siempre sudor. Apiadándose de sus propios despojos, entró en la franja de lo insaciable y superó a la fortuna incauta en una solitaria música. La tiara volcó  desde su frente plácida unas horas después, dejando cintas delgadas volando en caída lenta. Una grieta apasionada la recibió en un suelo ajedrecista, y sus miradas de sal se mudaron sin que nadie las enterrara.

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